viernes 6 de noviembre de 2009

Querido lector


A través de mis escritos, aprendiste a reconocer mis estados de ánimo y ya con la primera frase, te convertiste en un experto a la hora de adivinar si ese día llevo una sonrisa colgada de mi boca, si comparto atardeceres con la melancolía o se me oscurece de nubes la mirada presagiando tormentas.

Me conoces bien, lo sé. Por eso sabes que independientemente de lo que sienta, cada día de mi vida escribo para ti. Y hoy, no será la excepción.

Mientras preparo la hoja inmaculada, las palabras se agolpan en mi mente, ansiosas por encontrarte y contarte lo que siento.

Sonrío levemente al imaginar que ahora mismo te acomodas en tu butaca y devuelves mi sonrisa iluminando mis primeras palabras como el sol de una tarde de verano.

Te acuerdas de la primera vez? No podía disimular mis nervios, las manos me temblaban al escribir y las palabras parecían inconexas, como si algo faltara para darles significado. Entonces me di cuenta. Faltabas tú.

Tu presencia provocaba temblor en mi voz y salvajes latidos en mi corazón, pero poco a poco, tu predisposición, tus ganas de escucharme, tu ansia de saber, tu paciencia, tus intentos por descifrarme, en definitiva tu sed de letras, me mostraron otras sensaciones.

Y comencé a escribir sobre mis sueños y a pintar los cielos de rojo y las nubes de verde solo para verte sonreír.

Y escribí sobre mares lejanos y amores ausentes para poder acariciar tu mano y dibujar con mi dedo las letras que siempre llevo escondidas para ti.

Fue divertido ver como un hilo de la pulpa del melocotón de mi poesía rodaba por tu mentón mientras reías a carcajadas con mis locas aventuras de adolescente rebelde y extraviada.

Y también melancólico cuando luchabas por mantener los ojos secos mientras acariciabas el cielo de unas letras tristes que escapaban de la tierra plagada de desengaños y mentiras.

Y escribí sobre princesas guerreras y héroes de manos duras y miradas tiernas que se parece tanto a la tuya cuando te descuidas y miras para otro lado.

Y me inventé paseos larguísimos por jardines multicolores impregnados de aroma a primavera para engañarte los domingos grises y lluviosos del otoño.

Entonces, escribir para ti dejó de ser una tarea, un oficio, una acción y se convirtió en la esencia de lo que soy. De lo que eres. De ti y de mí.

Porque escribo por ti, para ti, en ti. Tú eres mi lector y sin ti, no soy nada.



sábado 31 de octubre de 2009

Espera


El otoño había secado su alma casi hasta matarlo. Solo al verse reflejado en el agua supo que aún no era su momento.Aún quedaba una primavera por venir.

miércoles 28 de octubre de 2009

La sonrisa



El aire gélido de esa mañana invernal golpeaba sin piedad su rostro mientras las lágrimas calientes rodaban por sus mejillas hasta acabar cayendo en el suelo húmedo de agua y sal.

Con su mano derecha aferraba la barandilla del barco y con la izquierda apretaba la carta en la que con caligrafía nerviosa y asustada, decidía irse muy lejos. Lo suficientemente lejos como para olvidar, para reencontrarse a si misma, para evitar que el dolor la golpeara como venía haciéndolo los últimos meses en los que se había transformado en una sombra.

Sumida en sus pensamientos no escuchó los pasos firmes y seguros que se acercaron a ella y más que ver adivinó la pradera en esos ojos profundos que la miraron con ternura. Buscó en su memoria la cara que le sonreía y creyó recordar otra sonrisa igual en la mesa del frente mientras revolvía el café para luego dejarlo intacto y levantarse sin desayunar.

Sin parpadear siquiera ni darle tiempo a nada, él acercó su increíble sonrisa y con un susurro le dijo :

- “Tengo sed”

Y ella le dio todas sus lágrimas para que bebiera, mientras comprendía que solo pondría fin a su dolor mientras esa sonrisa iluminara su camino.


domingo 25 de octubre de 2009

Órdenes


Ocúpame, anídame, habítame

Puéblame con tus miradas

Deja que sean mis manos

Las que construyan tu deseo.


Árdeme, quémame, incéndiame

Incinérame con tus besos

Deja que sea mi cuerpo

Quien te abrase con su fuego.




jueves 22 de octubre de 2009

La piedra

Unas cuantas horas después de haber leído el libro, Alex se preguntaba porqué lo único que se le venía a la cabeza una y otra vez era el día que encontró la piedra.

Llevaba todo el día con eso en la cabeza, hasta que decidió prohibirse seguir pensando en ello porque estaba poniéndose demasiado nerviosa.

Esa noche, cuando se metió en la cama miró el libro con una mezcla de miedo y rencor, por lo cual apagó la luz y se dispuso a dormir sin más, rompiendo de esa manera la costumbre que tenía desde niña de leer un poco cada noche.

Estaba agotada así que nada más cerrar los ojos cayó en un sueño profundo.

La despertó el viento que golpeaba con fuerza la ventana del salón. Se levantó con mucha pereza y caminó hacia la sala sin encender ninguna luz, pisando de memoria el suelo frío que la hacía tiritar en esa madrugada negra y cargada de sonidos amenazadores.

Fue al acercarse al ventanal cuando descubrió ante sus pies la piedra. No podía ser la misma. No era posible.

“Un año atrás, Alex caminaba por la orilla del mar y mientras lo hacía, iba mezclando las lágrimas que rodaban por su mejilla con la sal de las olas y el murmullo del viento. Caminaba lentamente, sin rumbo fijo. Nadie la esperaba, nadie preguntaría por ella si no volvía a casa. A nadie le importaría si…

De pronto su pie tropezó con una pequeña piedra y aunque aparentemente era una piedra normal y corriente, un impulso irresistible la hizo cogerla y sin mirarla la metió en su bolso.

Esa noche, en la cama intentaba leer por décima vez el mismo párrafo que se le resistía, pero no podía concentrarse porque pensaba en la piedra una y otra vez, así que se levantó y la sacó de su escondite.

La miraba, la tocaba, la giraba, pero no dejaba de ser una simple piedra que había parado su pie, así que frustrada y confundida la dejó sobre la mesa.

Al día siguiente , justo en el momento que se disponía a salir de casa la vio, la guardó en el bolsillo, caminó los pocos metros que la separaban de la playa y una vez allí hizo acopio de las pocas fuerzas de las que aún disponía para arrojar la piedra lo más lejos que pudo…”

Había pasado un año y de pronto, ante sus pies desnudos había una pequeña piedra que se parecía demasiado a aquella otra.

Con la mano temblorosa la cogió y no pudo evitar estremecerse al descubrir que era la misma piedra.

A nadie le había dicho que esa mañana iniciaría un viaje. El viaje sin retorno que esa misma piedra detuvo.

Porque un año después, nadie la esperaba, nadie preguntaría por ella si no volvía a casa.

A nadie le importaría…

viernes 9 de octubre de 2009

Sueños compartidos

Cuando él vio la camiseta un extraño impulso hizo que se la llevara. Era fea, el color no acababa de convencerlo, los recortes de terciopelo no tenían nada que hacer allí y por si eso no fuera poco, le quedaba lo suficientemente ceñida como para marcar la barriga que siempre intentaba disimular. Pero la frase le atrapó y algo en su interior le dijo que debía llevársela.
A ella, de pequeña le habían enseñado que si perseguía sus sueños, tarde o temprano los alcanzaría y aunque la vida le había demostrado que eso no era del todo cierto, era una soñadora empedernida. Aunque había un sueño en particular, que últimamente se negaba a perseguir.
La casualidad, el destino o quien sea que maneja los hilos de la gente, hizo que el chico de la camiseta y la chica de los sueños se encontraran. Cuando él la vio, supo porqué había comprado la camiseta y cuando ella vio la inscripción, supo que él era por quien valía la pena soñar. Y aunque ambos eran concientes de que su sueño mas preciado no se haría realidad, no dudaron en embarcarse juntos en un viaje plagado de sueños e ilusiones por cumplir.
Un día ambos supieron que ese sueño tan largamente anhelado tenia que hacerse realidad. Y cada uno por su lado quiso sorprender al otro.
Pero lo que ambos no tuvieron en cuenta es que cuando dos personas comparten el mismo sueño, no hacen falta las palabras ni los gestos.
Por eso, cuando él no pudo encontrar las frases que expresaran tanto sentimiento, solo atinó a estirar la mano para entregarle su camiseta y ella que acababa de abrir la boca para pedírsela, simplemente sonrió y dijo: SI.

jueves 8 de octubre de 2009

20 años

Dice el tango que es un soplo la vida y que 20 años no son nada. Pero aunque cantado por Gardel hasta suena profético, yo no opino lo mismo.

Un dia como hoy, hace 20 años, él me convirtió en lo que soy: una madre. Su madre.




Y aunque sea, de los tres, el que más se parece a mi físicamente, también es el que más se me parece en el carácter. Y quizás por eso nos peleamos y nos extrañamos tanto.

Y por eso no son un soplo, ni un suspiro. Son 20 años de risas, de lágrimas, de éxitos y fracasos, de alegrias y desengaños, de ilusiones, de proyectos, de sueños y sobre todo de amor.

Porque un dia como hoy, hace 20 años, supe que nunca más seria la misma. Porque aquella cosita diminuta sin pelos y sin cejas de tan rubio que era, cambiaria mi vida para siempre.


Feliz cumpleaños!
 

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